3. Servir como instrumento de comunicación, compromiso y control: el plan de acción se debe comunicar de forma eficaz y adecuada a todos los colaboradores que participen, con un mayor o menor grado de responsabilidad, en la consecución de los objetivos. Por tanto, a la hora de aplicar un plan de acción para conseguir un objetivo debemos responder a las preguntas:
• ¿Conocen todos los colaboradores cuál es ese objetivo?
• ¿Saben, con precisión, la forma en que se pretende alcanzarlo?
• ¿Es suficiente la comunicación oral de una o dos reuniones para que todos los colaboradores tengan una idea clara al respecto y se sientan comprometidos con el logro del objetivo?
Atendiendo a las reflexiones anteriores se puede decir con toda razón, que:
No se puede exigir responsabilidad a quien no se le haya dado información y que nadie a quien se le haya dado información puede eludir su responsabilidad.
4. Disminuir el nivel de inseguridad: cualquier planteamiento que se haga con miras al futuro implica un mayor grado de incertidumbre. Se ofrecen más posibilidades de éxito si se cuenta con un plan maestro que defina los objetivos y metas de la organización. Es más fácil reaccionar ante algo que no se ha cumplido, como habíamos previsto, que ante algo imprevisto y totalmente desconocido. Es así porque, en el primer caso, disponemos de puntos de referencia con los que se puede contrastar la realidad y de esta forma, determinar con mayor facilidad las desviaciones y sus causas, pudiendo implementar medidas correctoras más eficaces y certeras.
«El ritmo de Cambio de los últimos 15 años es pequeño si lo comparamos con el que observaremos durante los próximos 50 años».